La diferencia de fondo: agua ilimitada o agua acumulada
El calentador de gas calienta el agua al vuelo: abres el grifo, detecta el paso de agua, enciende el quemador y sale caliente en unos segundos mientras dure el gas. No hay depósito ni límite: pueden ducharse cuatro personas seguidas y la última tendrá el agua tan caliente como la primera, siempre que el calentador tenga litros suficientes para el caudal que pides.
El termo eléctrico hace justo lo contrario: calienta una cantidad fija de agua con una resistencia y la guarda en un depósito aislado. Cuando la gastas, toca esperar a que recupere. A cambio no necesita gas, ni salida de humos, ni ventilación especial: se cuelga de la pared, se enchufa y funciona. Esa sencillez es su gran virtud y también su límite.
Cuál sale más barato de usar
No te voy a poner números porque cambian con cada tarifa y cada casa, pero sí la lógica. El gas, por unidad de energía, suele ser más barato que la electricidad, así que calentar la misma agua con un calentador cuesta menos que con una resistencia. Y el calentador solo consume cuando abres el grifo: no gasta nada en mantener caliente agua que no usas.
El termo, en cambio, tiene pérdidas: por muy aislado que esté, el agua se enfría poco a poco y la resistencia se conecta para compensarlo. Con un buen programador y la temperatura a 55 o 60 grados se reduce mucho, y con tarifa por tramos puedes calentar en las horas baratas. Cuenta también el fijo: el gas natural lleva cuota mensual aunque no lo uses, y con poco consumo ese fijo pesa más que el ahorro por litro. Para una persona sola la diferencia puede ser pequeña; para una familia de cuatro, el gas gana con claridad.
Instalación y normativa: lo que exige el gas
Aquí está la gran diferencia. Un calentador de gas necesita una instalación certificada por un instalador autorizado y una revisión periódica que marca la normativa. Necesita salida de humos al exterior y, según el tipo, ventilación en el cuarto donde está. No es un aparato que se pueda colgar donde a uno le apetezca.
Hay dos tipos: el atmosférico, que coge el aire del cuarto y expulsa los humos por un tubo con tiro natural, y el estanco, que toma el aire de fuera y expulsa los humos por un conducto cerrado, sin tocar el aire de la vivienda. El estanco es más seguro y se puede instalar en más sitios; hoy es lo que se monta en obra nueva y en casi todas las sustituciones. Si tienes un atmosférico antiguo en un baño o una cocina sin ventilación, revísalo cuanto antes.
El termo eléctrico no exige nada de esto: una toma de corriente adecuada, agua fría y caliente, válvula de seguridad y un desagüe para el goteo. Si tu instalación eléctrica es antigua, conviene comprobar que la línea aguanta la potencia del termo, pero no hay certificados ni revisiones obligatorias.
Butano o gas natural: qué cambia en la práctica
Si tu edificio tiene gas natural, el calentador es cómodo: sin bombonas y con suministro continuo. Si no lo tiene, queda el butano, muy común todavía en pueblos y urbanizaciones de la costa. Funciona bien, pero obliga a estar pendiente de la bombona, guardarla en un sitio ventilado y cambiar el regulador cada cierto tiempo.
Un calentador de gas natural y uno de butano no son el mismo aparato: llevan inyectores distintos. Si cambias de un gas a otro hay que adaptarlo o sustituirlo, y ese trabajo lo hace un técnico. Cuidado con los calentadores de segunda mano: muchos llegan preparados para un gas y se conectan al otro, y eso da llamas amarillas, hollín y una combustión peligrosa.
Mantenimiento, ruido y espacio en el día a día
El calentador de gas pide una revisión anual: limpieza del quemador y del intercambiador, comprobación de la combustión y de los sistemas de seguridad, y cambio de membranas o electrodos cuando toca. Con la cal de Málaga, el intercambiador se obstruye con los años y el caudal baja. El termo pide menos, pero no nada: ánodo de magnesio cada pocos años y limpieza de cal de la resistencia.
En ruido gana el termo: no hace ninguno. El calentador se oye encenderse y, si el quemador está sucio, puede dar golpes o zumbidos. En espacio, el calentador es más compacto y no pesa; un termo de 80 o 100 litros lleno es un armario de agua colgado de la pared y necesita un tabique que lo aguante.
Casas de la costa y segundas residencias
En la Costa del Sol hay muchísimos apartamentos que se usan unos meses al año o los fines de semana. Para ese uso, el termo eléctrico suele ser la elección más sensata: no hay que revisar instalaciones de gas, no dejas una bombona en un piso vacío, y con un programador o un enchufe inteligente lo enciendes antes de llegar.
El salitre también cuenta. En primera línea de playa, los calentadores atmosféricos sufren corrosión en el quemador y la chimenea; los estancos aguantan mejor porque van cerrados. El termo está protegido por su carcasa, aunque el aire salino ataca igual a los anclajes y a la válvula si están a la intemperie.
Qué te conviene según tu perfil
Resumiendo lo que veo cada semana en las visitas, este sería mi consejo por tipo de casa. No es una regla cerrada: una familia con gas natural pero sin sitio para la salida de humos acabará con un termo, y una persona sola con un calentador estanco recién instalado hará bien en conservarlo. Tómalo como punto de partida y pregúntanos si tu caso no encaja.
Sea cual sea la elección, la instalación importa tanto como el aparato. Un calentador estanco mal colocado o un termo colgado con tacos flojos dan más problemas que un modelo modesto bien instalado. Y si tu aparato actual funciona y tiene menos de diez años, casi siempre compensa mantenerlo y repararlo antes que cambiar de sistema.
- Familia de tres o más con gas natural en el edificio: calentador estanco.
- Pareja o persona sola en piso pequeño: termo eléctrico de 50 a 80 litros con programador.
- Segunda residencia o apartamento de alquiler vacacional: termo eléctrico.
- Casa de campo sin gas natural y consumo alto: calentador de butano estanco, con sitio ventilado para las bombonas.
- Vivienda sin posibilidad de salida de humos: termo eléctrico, no hay más opciones.
- Casa con placas solares y excedentes: termo eléctrico programado en las horas de sol.
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Dudas habituales
Preguntas frecuentes
¿Puedo cambiar un calentador de gas por un termo eléctrico?
Sí, es un cambio frecuente. Hay que precintar la toma de gas, llevar una línea eléctrica adecuada hasta el termo y anclarlo bien. Si en el futuro quieres volver al gas, la instalación deberá certificarse de nuevo.
¿Es peligroso un calentador de gas atmosférico?
Bien instalado, ventilado y revisado, no. El riesgo aparece cuando está en un cuarto sin ventilación, la salida de humos está obstruida o lleva años sin revisar. Si el tuyo es atmosférico y está en un baño, consúltalo con un instalador autorizado.
¿Qué dura más, un calentador o un termo?
Con mantenimiento, ambos rondan los diez a quince años. El calentador suele repararse mejor en la vejez porque sus piezas se sustituyen; el termo se cambia entero cuando el depósito se perfora.
