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Guía · Calentadores

Termo eléctrico: consumo, mantenimiento y cuánto dura

El termo eléctrico es el aparato más silencioso de la casa hasta que un día te deja sin agua caliente a las siete de la mañana. Con el agua dura de Málaga, cuidarlo un poco marca la diferencia entre que dure ocho años o quince. Te cuento cómo funciona, cuánto gasta y qué mantenimiento merece la pena.

Por el equipo técnico de Satialia · · 5 min de lectura

Cómo funciona un termo eléctrico

Un termo eléctrico es un depósito de acero esmaltado con una resistencia dentro, como la de un hervidor pero mucho más grande. El termostato conecta la resistencia hasta llegar a la temperatura que tienes ajustada; luego la corta y el aislamiento del depósito mantiene el calor durante horas. Cuando abres un grifo, sale agua caliente por arriba y entra fría por abajo, y el termo vuelve a calentar poco a poco.

Esa es la clave: el termo acumula, no calienta al instante. Si gastas toda el agua del depósito, toca esperar a que la resistencia recupere la temperatura, y eso puede llevar entre una y tres horas según capacidad y potencia. Por eso conviene elegir bien el tamaño y ajustar el termostato con cabeza, en lugar de subirlo al máximo pensando que así tendrás más agua.

Qué capacidad necesitas según cuántos sois en casa

La pregunta que más me hacen cuando toca cambiar un termo es cuántos litros comprar. Depende de cuántas personas viven en la casa y de si os ducháis a la vez o repartidos a lo largo del día. Una ducha normal se lleva alrededor de 30 o 40 litros de agua caliente, así que un termo de 50 litros da para una persona o una pareja que no coincide en el baño.

Como orientación: 50 litros para una o dos personas, 80 para dos o tres, 100 para tres o cuatro y 150 o más para familias numerosas o casas con bañera. Si va a alimentar también la cocina, súmale un escalón. Y no te pases: un termo demasiado grande mantiene caliente agua que nadie usa y pierde más calor por las paredes del depósito. En segundas residencias de la Costa del Sol suele compensar uno más pequeño con programador.

Cuánto consume y cómo gastar menos sin pasar frío

El termo eléctrico es de los aparatos que más pesan en la factura de la luz. No te voy a dar cifras porque dependen de tu tarifa, del agua de entrada y de cuánto os ducháis, pero sí te digo dónde se va el dinero: en calentar más agua de la que usas y en mantenerla caliente cuando no hace falta. Ahí es donde se puede recortar.

Lo primero es la temperatura. Muchos termos vienen ajustados al máximo, cerca de 75 grados, y eso no aporta nada: te obliga a mezclar más agua fría en el grifo, acelera la cal y castiga la resistencia. Entre 55 y 60 grados tienes agua de sobra y frenas la cal. No bajes de 55, porque a temperaturas tibias el depósito puede favorecer bacterias como la legionela.

  • Ajusta el termostato entre 55 y 60 ºC y déjalo ahí.
  • Usa un programador o el modo eco para calentar solo antes de las horas de uso.
  • Si tienes tarifa con tramos horarios, programa el calentamiento en el tramo barato.
  • Pon un reductor de caudal en la ducha: menos litros, menos agua que calentar.
  • Si te vas más de dos días, apágalo o ponlo en modo vacaciones.

El ánodo de magnesio: la pieza que nadie cambia

Dentro del depósito hay una barra de magnesio que se sacrifica para que no se oxide el acero. Se llama ánodo y es, con diferencia, la pieza de mantenimiento más importante del termo. Se va consumiendo poco a poco; cuando desaparece, la corrosión empieza a comerse el depósito y ya no hay vuelta atrás: un depósito perforado no se repara, se cambia el termo entero.

Con el agua dura de Málaga y de casi toda la Costa del Sol, el ánodo debería revisarse cada dos años y cambiarse cada dos a cuatro según lo que quede de él. Cambiarlo lleva menos de una hora: se corta la luz y el agua, se vacía el depósito y se saca la brida donde va anclado junto a la resistencia. Si tu termo tiene más de cuatro años y nadie lo ha mirado, lo más probable es que ya no quede nada; mientras el depósito no gotee, cambiarlo sigue mereciendo la pena.

Vaciado, descalcificación y válvula de seguridad

La cal se deposita en el fondo del depósito y sobre la resistencia. Una resistencia recubierta de cal tarda más en calentar, consume más y termina quemándose. Cada dos o tres años conviene vaciar el termo, sacar la resistencia, quitarle la cal y retirar los sedimentos del fondo. Si sale un lodo blanquecino, es cal; si sale marrón oscuro, hay óxido y toca mirar el depósito con lupa.

La válvula de seguridad va en la entrada de agua fría: impide que el agua caliente vuelva a la red y suelta presión cuando el agua se dilata al calentarse. Es normal que gotee unas gotas mientras el termo calienta. Lo que no es normal es que gotee siempre (está sucia o vencida) o que no gotee nunca (puede estar atascada de cal). Acciona la palanca una vez al mes para comprobar que abre y cierra.

Señales de fin de vida: reparar o cambiar

Un termo avisa antes de fallar del todo, aunque no siempre le hacemos caso. Si reconoces alguna de estas señales, no esperes a quedarte sin agua caliente un domingo: muchas se resuelven con un repuesto sencillo si se cogen a tiempo, y otras te dicen que ha llegado el momento de cambiarlo sin gastar más en parches.

La regla que aplico es sencilla. Si el fallo está en resistencia, termostato, ánodo, válvula o cableado, y el depósito está sano, merece la pena reparar, tenga el termo la edad que tenga. Si gotea por la carcasa o ves óxido alrededor de la brida, el depósito está perforado o a punto: corta la luz y el agua y cámbialo, porque no existe una reparación fiable para un acero esmaltado perforado.

Un termo bien mantenido en Málaga dura entre diez y quince años; sin mantenimiento, con el agua que tenemos, es fácil que se quede en siete u ocho. Cuando pase de los doce años y le toque una reparación importante, piénsatelo: los modelos actuales aíslan mejor y traen programador y modo eco, así que el ahorro en luz ayuda a amortizar el cambio. Si tienes dudas, pídenos que lo veamos.

  • El agua sale menos caliente o dura menos: resistencia con cal o termostato desajustado.
  • Salta el diferencial de la casa al conectarse: la resistencia tiene fuga a tierra.
  • Gotea por la parte de abajo, no por la válvula: depósito o brida corroídos.
  • Hace ruidos de ebullición o chasquidos: capa gruesa de cal sobre la resistencia.
  • El agua sale turbia o huele a huevos: bacterias o ánodo agotado.
  • Tarda mucho más en calentar que hace un año.

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Dudas habituales

Preguntas frecuentes

¿Es mejor apagar el termo eléctrico por la noche?

Depende del aislamiento. En un termo moderno la pérdida nocturna es pequeña y apagarlo ahorra casi nada; lo que sí ahorra es un programador que caliente solo antes de las horas de uso. En uno viejo con el aislamiento deteriorado, sí se nota.

¿A qué temperatura debo poner el termo?

Entre 55 y 60 grados. Por debajo, el agua puede favorecer bacterias; por encima, gastas más, generas más cal y acortas la vida de la resistencia. Con niños pequeños en casa, valora una válvula mezcladora termostática en la salida.

¿Cada cuánto hay que cambiar el ánodo de magnesio?

Con el agua dura de Málaga, revísalo cada dos años y cámbialo cuando esté consumido, normalmente entre los dos y los cuatro años. Es la reparación preventiva que más alarga la vida del termo.

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